Hoy he dictado mis propias leyes y he decidido dedicar esta corta misiva a ti, que habitas en todos nosotros, en cada casa y en cada cabeza. Hoy he sido consciente de tu presencia sublime. Ahora es cuando realmente te he visto y me alegro de que al fin seas partícipe de mi vida, porque, como dijo alguien hace mucho tiempo "et in Arcadia Ego".
Cada uno te siente de diferente forma: hay quien te ve como un hermano, hay quien te ve como un amigo, hay quien te ve como un jefe, hay quien te ve como uno mismo... Todos llegamos a ese instante, sin embargo, en el que tu máscara se cae y se desvela la sombra, que en ti es esencia principal. La mayoría tardamos bastante en descubrirte, culpándonos a posteriori por haberte dedicado tanto tiempo que podríamos haber invertido en mejorar algo de nuestra vida. Pero también en ese instante los que te descubrimos y somos conscientes de que nos has vampirizado nos alegramos. Se dice que el primer paso para acabar con lo malo es reconocerlo, puesto que se enmascara siempre y te engaña y te embauca. Pues bien, sé quién eres.
Una forma que adoptas son los celos. Otra es el paternalismo. Otra es la codicia. La primera la llamas amor, amistad. La segunda la llamas preocupación. La tercera la llamas necesidad. ¿Eres yo reflejado o eres tú en esencia? Da igual cuando lo sufres y ves que los años que has estado en mí, conmigo, son pérdidas del tiempo que no regresará. Nunca.
Ahora que sé que estás ahí, al fin, sin engaños, ahora que has rebosado el vaso y que mi garganta no puede anudarse más, he decidido cortar tu nudo gordiano. No has sabido ver tú, ya que tu forma de enmascarar amor, amistad o preocupación ha sido errónea. Sin consejos, porque no caeré en tu juego, no más. Sin amenazas, porque no caeré en tu juego. Cúrate si puedes y después te dedicaré, quizá, una oda. Pero hoy, que te he visto, te dedico esta simple misiva como despedida.
Ahora que sé que estás ahí, al fin, sin engaños, ahora que has rebosado el vaso y que mi garganta no puede anudarse más, he decidido cortar tu nudo gordiano. No has sabido ver tú, ya que tu forma de enmascarar amor, amistad o preocupación ha sido errónea. Sin consejos, porque no caeré en tu juego, no más. Sin amenazas, porque no caeré en tu juego. Cúrate si puedes y después te dedicaré, quizá, una oda. Pero hoy, que te he visto, te dedico esta simple misiva como despedida.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada